miércoles 22 de julio de 2009

Cuchilla letal

No hubo tiempo para el análisis, ni para la duda metódica; el horror hizo posesión de mis pensamientos y rapacería de mi sosiego en el mismo momento en que la saeta de la fatalidad me alcanzó. La herida vino de la mano de una áspera información susurrada por los suaves labios de mi buena artera.
Pero…¿quien?¿para qué?¿con qué finalidad?¿porqué pondría alguien una cuchilla gigante en los túneles de la barcelonesa red de metro?
Seguramente la guillotina letal está dispuesta horizontalmente, encastada en un lateral del túnel, con una longitud de metro y medio, y situada a una altura adecuada. Si la velocidad con la que avanza el metro al precipitarse al interior de los túneles es la que parece, la desleal guadaña podría desmembrar a todos los viajeros. No habría ninguna posibilidad de salvación.
Sin embargo, debe existir una posibilidad de evitar la amputación. El terror espeluznante que siento cuando evoco el filo del metal me hace recordar que no existe horror sin necesaria contingencia. Me refiero a que cuando no hay posibilidad de evitar un incidente temido sentimos frustración, impotencia, aceptación o resignación. Sólo en el caso en que se intuye la existencia de un sendero de salvación, pero se ignora como acceder a él, aparece el horror.
Pongamos un breve ejemplo poeniano.
Primer escenario: No se sabe de que manera ha ido uno a parar al interior de un cubículo de acero que mengua progresivamente y sin visos de detenerse.
Segundo escenario: Mismo cubículo metálico y misma situación. La novedad está en la presencia de dos botones: uno de ellos detiene el mecanismo, el otro destruye el mecanismo por el cual el primer botón desactiva todo el tinglado.
Convendremos que el segundo escenario es mas terrorífico aún que el primero, puesto que invita a una decisión, que es tomada como la aceptación de una cierta cuota de responsabilidad de uno mismo con su propio aplastamiento (en caso de no elegir la opción adecuada). En los dos casos, los aplastados son y se sienten victimas injustas de situaciones ajenas a sus voluntades. En el segundo caso, además de victima, uno se siente corresponsable de su tragedia, por eso la dosis de terror es mayor en este.
Todos estos pensamientos me llevaron a la certeza férrea de que la cuchilla letal no ocupa todo el túnel. Sinó sólo un lateral. ¿Cuál? Lo ignoro. Sea como fuere nos hemos fijado en que en su trayecto el metro abre sus puertas izquierdas o derechas en función de la estación a la que llegue. ¿La disposición de la cuchilla letal es aleatoria, o tiene en cuenta este hecho? Si lo que pretenden los criminales es el mayor número de desmembramientos, la estrategia correcta que tendría que seguir un viajero sería colocarse en el lado contrario al que señalan esas flechas, que indican por que lado se van a abrir las puertas y coincide con el lado con más concentración de gente. Si lo que pretenden los indeseables es minimizar el número de muertos, lo inteligente es colocarse donde indiquen las flechas.
Pero una vez dentro del metro, y desconociendo la identidad de los malhechores…que hacer?

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