
NO hace mucho mencionábamos, en este mismo blog, el ahora aclamado por todo moralista "imperativo Fernandito pu favó". LOs fallos encontrados en los precedentes imperativos eran claros: ninguno aludía de forma explícita a la decisión sobre la acción correcta que habría de tomarse en el periplo vital de cada cual. Otra de las réplicas que podían realizarse a dichos imperativos éticos era que, tras haberlos pensado, el creador del mismo podía desentenderse de lo dicho o escrito tal y como hizo Séneca, único moralista español que no lo fue (me contaron que, como vivía en Córdoba, la nacionalidad ya la tenía por defecto).Sin embargo, dicha crítica es imposible de realizar en un sistema ético no cerrado tal y como lo es el de Fernandito. Si la concepción del imperativo se produjo por el terrible suceso de que la Señora Delmira, católica apostólica y romana, topara con la imagen de uno de los vástagos de su prole dándole al manubrio, la concrección del mismo ha acontecido en el número 21 Bis de la frontera de Badía del Vallès con Barberá. Un día cuaquiera viajábamos hacia un sitio cualquiera pasando por el lugar mencionado. De repente, mi siempre acompañante La delicias exclamó ¡Un grow shop en Badía?????, a lo que yo no tuve respuesta. Pensé que la misma naturaleza imaginativa y delirante de la Delicias le habría hecho imaginar tal contradiccion en los términos: Badía y Grow shop. Todo el mundo sabe que hablar de un grow shop en Badía es como decir que hay un grow shop en un grow shop o un vendedor de fruta en una frutería. Lo extraño no era que existiera esa tienda. Lo ilógico era que a alguien se le hubiera ocurrido vender semillas de marihuana de forma lícita en un lugar donde no existe la ley. Más tarde me di cuenta de que no todo había sido producto de la imaginación; de vuelta hacia otro sitio (del cuál veníamos) me fijé en el cartel. Era verde, ponía Grow shop y, como eslógan, el manido y archiconocido "Piensa en verde" de la Heineken. "Qué raro", pensé. Y empecé a documentarme. Raudo y veloz acudí a la hemeroteca, es decir, a casa de la Señora Sara, siempre enterada de todas y cada una de las cosas que ocurren. Ella ignoraba la existencia de un grow shop y, con mucha más razón, el significado del término. NO obstante, estaba totalmente informada de que el hijo de su vecina, había comentado que se dedicaba a vender droga de forma legal ante la pregunte ¿y tú ahora a qué te dedicas?. Ese hijo es nuestro bienamado Fernandito que, ya crecido, ha tomado la decisión de agarrar fuertemente las riendas de su vida y dedicarse a algo que no pudiera ser sancionado moralmente ante el segundo advenimiento. Vender droga legal plagiando el eslógan que, seguramente, crea que se le ha ocurrido a él. Tres Hurras por este ser tan fervientemente correcto.¡Hurra, hurra, hurra!
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