"La `-eta´ de Enriqueta es etrusca" Oswald Spengler, "La decadencia de Occidente"
miércoles, 2 de octubre de 2013
Oda a Tachenko
Tu importancia no se mide
por tu éxito deportivo
sino por el recuerdo emotivo
que en mi corazón reside
Fuiste pívot, nunca alero, ...
de técnica andabas falto
pero que cojones ¡eras alto!
y un gran mito ochentero
Tus estatura fue tu aval.
Estando tu bajo el aro
nunca lo veía del todo claro
el acojonado rival.
Demostraste tu entereza
en profusas ocasiones
colocando más tapones
que la industria de cerveza
Fuiste imagen prestigiosa
En Valladolid ciudad
trabajando en publicidad
para los vinos Pedrosa
Tu espeso bigotón
y tu testudíneo halo
te hermanaba con el malo
de la saga de James Bond
Recuerda, Takenko, majo
que aunque la pelota ya no bote
tu nombre llegó a ser el mote
de todo el que fuera bajo.
Oda a Bigote Arrocet
lunes, 4 de abril de 2011
La exégesis de los signos
lunes, 8 de noviembre de 2010
Sacher-Masoch
Quizá haya sido Gilles Deleuze quien mejor ha sabido realizar una lectura coherente sobre la totalidad de la obra de Leopold von Sacher-Masoch e ilustrar las sutiles implicaciones psicológicas y filosóficas de su proscrita fantasía, desarmando esa monstruosidad terminológica que constituye la demarcación sado-masoquista. Y aunque ciertamente la unión inoperante de estos dos términos antagónicos no hace justicia a ninguna de las dos propuestas literarias, con demasiada premura la dialéctica Freudiana y su figuración de una gran unidad de los principios contrarios ha entendido que basta transfigurar los signos y voltear las pulsiones para obtener Masoch a partir de Sade. Freud, sádico por la pusilanimidad de su inmadurez genital, habría bruñido en las caras de la misma moneda las dos perversiones, intituyendo el sadismo como la fundamental emanación perversa motora (por ser esta de la que él mismo participaba) y relegando el masoquismo a una posición subsidaria en su dialéctica pisoanalítica. Esta trasnochada dialéctica de entidades contrarias resultó muy perjudicial para Masoch, que fue abocado a la simple complementariedad y al injusto olvido que no sufrió jamás Sade.
Leopold von Sacher-Masoch tiene una relación privilegiada con la historiología del rock and Roll, y no sólo porque su obra maestra tocayice con ese temazo de la Velvet intitulado Venus in furs, sino también por ser antepasado directo por vía materna de aquella mitad femme fatale mitad chearleeader de enfants que fuera Marianne Faithfull, musa de rostro agraciado inspiradora de toda canción setentera que incluya el nombre Mary. Masoch, en cambio, posee ese particular fenotipo de pirámide invertida, en el que una abultada frente domina sobre el resto de rasgos faciales, menguantes en gradiente hasta una ya casi irrealizable mandíbula, que es metáfora de la menguada voracidad vital tan frecuente en ese extraño género de prosistas de inflamado cerebro y pávido ánimo. Poca voracidad había de tener por fuerza quien tanto gozara en vida siendo, antes que depredador, presa despellejada por el látigo y el tacón de Venus cazadoras envueltas siempre en vestidos de pieles. Más de una vez se le oiría gemir pedigueñando como hizo en su postrero lamento aquello de "amez moi".
Masoch, constituye una especie única que discurre en paralelo con los santos próceres del martirio y la cruz. Busca el castigo que santifique el impulso del deseo contravenido por la purga de la deposición, en una recreación de lo divino. Ante la imposibilidad de hallar algo que supere su naturaleza moral, su ensoñación ideal le lleva a rebajarse ad infinitud para hallar el placer en la distancia a su particular etoile. No pudiendo encontrar algo en lo alto, se hunde para recuperar al menos esa perspectiva sacra pretendida por todos cuantos alzamos la vista al beber del porrón, comer calçots o apreciar castillos humanos. La diferencia estriba en que la recuperación de la perspectiva sacra en Masoch se fundamente en la cuadrúpeda genuflexión y en el lamer botas ajenas, santa rúbrica de autor esta que en nada desmiente la interpretación sobre la motivación última de sus procederes. A la edad de diez años, Masoch ya tenía un ideal. El mozo languidecía por una parienta alejada de su padre —llamémosla la condesa Zenobie– que le enrojecía el culamen renovadamente fusta mediante. Cuanto más le enardecía las nalgas más atractiva encontraba a su tía, que llegó a parecerle la más bella y al mismo tiempo la más galante de todas las mujeres del condado. Con una infancia así se entiende casi todo. Pero no por entenderlo dejan de sorprender ciertas cosas:
viernes, 17 de septiembre de 2010
Primicias
martes, 27 de julio de 2010
Insultos Españoles
Eres un asnejón putiliendre
Un mangurrián peinaovejas,
Eres yaro y tuercebotas,
Eres rucio sin aliño,
coro
Dejen comentarios y añadan estrofas.
miércoles, 7 de julio de 2010
Notas sobre Lucía Joyce
Por dos veces Joyce intervino en la designación de su hija. Él eligió su nombre y también su apodo. La primera vez se guió por sus fantasías y supersticiones, la segunda, por un afán en alterar la realidad mediante juegos lingüísticos de los que ni su propia hija escapó. No tuvo bastante con decidir su nombre una sola vez atendiendo a sus miedos y supersticiones, sinó que tuvo que darle un segundo nombre: Amazing Wilde.
lunes, 5 de julio de 2010
Lucía Joyce: ¡El artista soy yo!
Cuando Lennon cantaba, all together sonaba siempre a all to get there-all to get dark. Algo asi como…que todo el mundo se ponga ciego-que todo el mundo se vuelva oscuro, que es lo que pasa cuando Finnegan se cae del muro y muere por borrachera, antes de resucitar cuando le dan un trago -y en ese muro encontramos el punto de convergencia de las paralelas oculares de la estrábica Lucía, que es donde intersecta la percepción y la conciencia -. El Wake de Finnegan es tanto wake como awake, es tanto funeral como despertar. Muere Finnegan y despierta la conciencia del cosmos en su primer día. El cosmos despierta de la pesadilla de la historia. Bob Dylan entiende de lo que habla Lennon y le envía un mensaje en cifrado con Ballad of a tin man, pero John no se queda con la copla…¿pero no habías leído Finnegan's?…Sólo por encima…Yo sólo por debajo…bastante por debajo.
sábado, 5 de diciembre de 2009
¿Quién no odia a Sartre?
En la Francia ocupada del 1948, Céline recibe en su casa de campo la molesta visita del hipócrita Sartre, feo todo él como un malvavisco y tonto como un escarpín de doncel. El especulativo Sartre ruega a Céline que utilice su influencia en el Partido Nacionalsocialista para interceder por él a fin de que le permitan publicar su obra. Céline responde con fastidio a esta prerrogativa; en realidad, no tiene ningún ascendente sobre el partido y, en todo caso, sólo puede compartir con el Fuhrer el antisemitismo. A fin de cuentas le envía a pedir favores a otra parte, es decir, a la mierda.
Una vez liberada Francia, Céline cae en la desgracia del ostracismo y la repulsa; Sartre aprovecha la estigmatización a la que ha sido sometido el malogrado Ferdinang para vociferar desde su conocido periódico "Les temps modernes" que: “Si Céline pudo sostener las tesis socialistas de los nazis es porque le pagaron” ("Retrato de un antisemita" 1945).
Céline reponde:
"No leo mucho, no tengo tiempo. ¡Demasiados años perdidos en tantas tonterías y en prisión! Pero me presionan, me ruegan, me molestan. Es imperioso que lea, parece, una suerte de artículo, el Retrato de un antisemita, de Jean-Baptiste Sartre (Les Temps Modernes, diciembre 1945). Recorro esa larga tarea, le echo un vistazo, no es ni bueno ni malo, es nada, pastiche… “A-la-manera-de”… Ese enano de J.-B. S. leyó l’Etourdi, l’Amateur de Tulipes, etc. Quedó prendado, evidentemente, no sale más… ¡Siempre en la escuela este J.-B. S.! siempre con los pastiches, “A-la-manera-de”… También a la manera de Céline… y de muchos otros… “Putas”, etc. “Cabezas de recambio”… “Maïa”… Nada grave, por cierto. Arrastro en el culo una buena cantidad de esos “A-la-manera-de”… ¿Qué puedo hacer? Sofocantes, rencorosos, cagones, traidores, semisanguijuelas, semitenias, no me hacen ningún honor, no hablo nunca de ellos, eso es todo. Progenie de la sombra. ¡Decencia! ¡Oh! No le deseo ningún mal al enano J.-B. S. ¡Su destino ya es bastante cruel! Ya que se trata de una tarea, yo le habría dado con gusto siete de veinte y no se habría hablado más del asunto… ¡Pero en la página 462 el soretito me desconcierta! ¡Ah! ¡El maldito culón podrido! ¿Qué osa escribir?"
(...)
"J.-B. S habla evidentemente de sí mismo cuando escribe en la página 451: “Este hombre teme cualquier tipo de soledad, tanto la del genio como la del asesino”. Comprendamos qué quiere decir… Basándose en la fe de los semanarios J.-B. S no se ve sino como un genio. Por mi lado, y basándome en sus propios textos, me siento forzado a ver a J.-B. S como un asesino, e incluso mejor, como un maldito alcahuete, un repugnante, asqueroso, inmundo soplón, un cana con anteojos. ¡Ya me empiezo a embalar! No corresponde a mi edad, ni al estado en el que me encuentro… Iba a concluir ahí… asqueado, listo… Reflexiono… ¿Asesino y genial? Hay casos… Después de todo… ¿Será quizá el caso de Sartre? Asesino lo es, quisiera serlo, entendámonos, ¿pero genial? ¿La caquita que está en mi culo es genial? ¿Hum?… Vamos a ver… sí, cierto, eso puede hacer eclosión… dispararse… ¿pero J.-B. S? ¿Esos ojos de feto? ¿Esos hombros mezquinos? ¿Esa busardita? Tenia, seguro, tenia humana, ubicada donde ya saben… ¡y filósofo!…"
¿Quién no odia a Sartre? Al que no sienta, cuando ve su foto, la emoción humana y básica de la aversión, le concedo cinco minutos de mi propio tiempo para insultarle desde aquí. Acercaos cabrones.
Sartre, eres una tricotosa alepantada, un andova comeculos, un garabato mal hecho, un dibujo inanimado, una rana sin ancas que aprovechar. Ni en Filosofía se te tiene en cuenta. Eres el mayor cero a la izquierda (y a la izquierda estabas) que nos ha dado la humanidad. Eres el Señor de Bovuoir, eres la falda que le destapó la rodilla, eres un ser que ni siquiera es. Muérete todas las veces que puedas....ya que siempre has estado en lo del morir.
martes, 1 de diciembre de 2009
Relato antierótico
Conocí a aquel enano microcefálico mucho antes. Formaba parte de una comparsa bizarra que había reclutado en una de mis excursiones por el fantasmagórico barrio del Raval. A saber: un percherón circense, un fakir llamado 'el estómago', el ya conocido enano microcefálico con elefantiasis genital y un panel de abejas. Cuando Ella abrió la puerta y me vio en compañía de tan singular séquito comprendió al instante que sus ruegos secretos por introducir novedades en sus relaciones íntimas habían sido escuchadas.
Todo había sido culpa del café. Al principio me incomodaba que me acompañase a tomar el café. Sentía que mi media hora sagrada de descanso era perturbada por sus conversaciones insulsas y los continuos reproches al proceder de su novio...Pero, ¡ah, amigo!.. .cuando le dio por tomarme como confidente de sus intimidades de alcoba la cosa cambió. Sus confesiones trasladaban mi mente a jodiendas bruñidas y follamenes lácteos.
Un día me dijo:
¿Y a ti? ¿Cómo te gusta que te chupen la polla?
Aquella pregunta lo precipitó todo; quiero decir que me corrí sobre el café, después cortado. No fue lo inesperado de la pregunta en sí lo que justificó mi deseo de subirme de un brinco sobre la mesa y de masturbarme públicamente como un maniaco hasta derramarme en su boca, fue lo de usar los términos chupar y polla juntos en una misma frase. Lo espontáneo de aquel vocabulario soez en ella, de ordinario cándida en su timidez, fue lo que hizo crujir mis vísceras meníngeas. El uso de aquellos vocablos fue una evidente provocación a partir de la cual mi café diario se convirtió en mi quimera y mi cruz.
Mi deseo hacia ella fue creciendo y creciendo. No pudiendo dar satisfacción natural a mi deseo en su momento propicio, esto es justo cuando surge, la naturaleza de éste fue envileciéndose. Mi anhelo inicial de tenerla desnuda ante mi, de contemplar y admirar su cuerpo, de lamer sus aureolas y chupar sus pezones -quien sabe si también succionarlos y morderlos cual infante destetado-, de besar su sexo húmedo y de hincar mi tornillete fálico en su sacrosanta caverna venusiana....fue tornándose en sórdidas inmundicias de las que mi mente no pudo escapar. El anhelo contenido se volvió lúbrica codicia.
Ya no me bastaba con verla desnuda, tantas veces la había desnudado mi imaginación que ya no se deleitaba en su culo si no estaba decorado por un tulipán convenientemente introducido en el ojo del mismo. Igualmente, la imagen de mi polla durísima, enhiesta como el torreón de un navío, entrando y saliendo frenéticamente de su coño, abierto como los pétalos de los rosales y chorreando por el pleamar de su deseo, no era suficiente; era necesario mas flujo y más polla. Necesitaba que un enjambre de avispas aguijonearan mi pene e hicieran de picha cipote. Necesitaba que la lengua rápida de un percheron abriera la ostra y me entregase la perla, que el enano, el percheron y el faquir acordaran el advenimiento de sus orgasmos para sumar semén a mi semén y desbordar así su esófago de líquido y su corazón de pesar.
Todo sucedió según lo previsto, exceptuando los arrebatados e inesperados gemidos de Ella, que se contorneaba como una anguila mientras la troupe le metía de todo, menos miedo. Sucede que en el fragor de la guerra todo agujero es trinchera, y se me ocurrió que tomar al enano por detrás no estaba de más. Poco podía imaginarme las dignisimas promesas que el enano había hecho a su moribunda madre de mantener la pureza de su orto. Tuve que salir corriendo de aquella casa y esconderme en un laberínto de espejos para evitar las vengativas embestidas de su monstruoso cimbrel elefantiásico, no sin antes deleitarme por última vez con la visión de Ella tumbada boca abajo, desnuda, fatigada y quejicosa, frágil, entregada a mi, con un ramillete de tulipanes en el bul y una sonata de estertores y contracciones coñajidas. Quizá fueran imaginaciones pero me pareció oirla arrancarse por Leonard Cohen y despedirse entonando aquel:
you won me, you won me, my lord.
viernes, 4 de septiembre de 2009
Labio leporino, lengua viperina
lunes, 22 de junio de 2009
La prolepsis motriz del lenguaje cinemaografico en Pedro Almodovar
Provenimos a realizar la pertinente traducción de esta proferencia a la lógica intencional mediante un tratamiento montagoviano de la ambigüedad. Habría que distinguir, previamente, la conducta operatoria puramente apotética (prólepsis en sentido amplio) y la conducta que además es proléptica en sentido estricto. Sin embargo, se requieren algunas modificaciones conceptuales mínimas, que permiten ofrecer, además, un tratamiento categoremático que admita reglar el objeto ilocutivo de la proferencia tomada literalmente.
Consideremos, en primera instancia, la diferencia entre la dependencia del contenido de un contexto, lo que llamaremos indexicalidad, de la dependencia de la extensión de un contexto, fenómeno que denominamos sensibilidad al contexto o sensitividad. Pero el contexto relevante del caso no será el evaluativo sino el de emisón o uso. Así pues hay una diferencia entre lo dicho y lo implicatado, que segun Grice, en el contexto de emisión de esta oración, puede jugar dos papeles en la determinación del valor de verdad de la oración. Puede ayudar a determinar su contenido y puede determinar parcialmente cuáles son las circunstancias de evaluación que fijarán el valor de verdad de la oración en ese contexto.
Un análisis temporalista atribuiria a las oracion sensibilidad al contexto con respecto al tiempo, pero negaría, porque postula que el valor de verdad proposicional es relativo al par mundo posible/tiempo, la verdad proposicional como relativa al par mundo posible/estándar epistémico. Esto implica la obligación que los locutores colocan sobre sus alocutores de responder a sus exigencias en cuanto logran emitirlas ellos mismos y exponerlas como comunes a los dos.
Pero en esta proposición se afirma o se niega algo (llamemosla proposición apofántica) . Así cuando en la película (que llamaremos pinicula) Pedro Almodovar afirma (aforma) cinematograficamente (graticinemativamente) la validez de un hecho acaecido (alfombra) en Barcelona (vaso de leche con galletas), la evidencia behaviorista de la interacción comunicacional y la especulación filosófica obtiene volens nolens su efecto de verdad al hacernos descubrirla como presente en toda realidad comunicativa.
Capicci?
miércoles, 10 de junio de 2009
Con los cuernos en la maceta

Sigo fascinado por las sugerentes insinuaciones y ramificaciones de esta inusitada locución que escuché por primera vez hace ya casi 20 años. El artista compositor de la rogativa fue el insigne Paco, otro compañero de atropellos infantiles al que el devenir lo situó en caminos tortuosos muy diferentes a los que yo había bosquejado para mi mismo. Nuestra amistad, si es que alguna vez lo fue, no resistió el paso del tiempo ni los aconteceres badienses, que nos situaron a cada uno en nuestro sitio, es decir, a los dos en la cloaca (sólo que la mía era una cloaca más perfumada).
Inventabamos por aquellos entonces juegos en un jardín que estaba justo frente mi casa. De vez en cuando, en medio del juego, veíamos a mi padre asomado a la ventana inspeccionando sus hortensias y sus rosales. La apariencia era algo sombría: un hombre mas o menos calvo (de Schopenhauer tenía el nombre y el peinado; y de Pessoa, las gafas y la figura) asomado entre el follaje del macetero moviendo la cabeza nerviosamente.
Ya está tu padre... ahí, asomado... con los cuernos en la maceta!!!
Escuchada la proferencia, todos reímos al unísono como embriagados beodos. Aunque apuesto que ninguno entendió los imbrincados sentidos secretos ni las infinitas lecturas que podían hacerse de la exclamación. Ahora recuerdo que, poco después, mi hermano y yo compusimos un epinicio intitulado Oh excelso Pérez de anteojos en pináculos hinchados que presentamos a un certamen literario escolar . Recuerdo varios versos, en uno de ellos incluíamos la famosa frase:
... Y asomado a la ventana yo te ví pasar, España!
con los cuernos en la maceta.
Para mí siempre fue imposible desentrañar el significado lógico del apotegma con los cuernos en la maceta, de ahí mi fascinación por ese ensartamiento, en apariencia absurdo, de vocablos que contiene, creo, la esencia misma del surrealismo continental. Hasta el momento he sido capaz de hacer las siguientes lecturas:
Lectura figurativa: Simplemente se hacía alusión a una composición estética desafortunada. Las macetas són elementos reales, en ningun caso simbólicos, y los cuernos una metáfora común que apunta a rizos capilares con forma de asta. Se pudo, entonces, haber dicho: Mira, ahi está tu padre, asomado a la ventana entre plantas tan tupidas que no dejan ver de él más que su pelo alborotado o también Mira, ahi está tu padre, asomado a la ventana, con el pelo más alborotado que los esquejes de la hortensia
Lectura psicoanalítica: Se revela la excesiva afinidad del padre con sus plantas y se señala que la multitud de cuidados que dispensa a los vegetales quizá no se corresponda con los que concede a su prole, que en ese mismo momento juega asilvestradamente a pocos metros de su progenitor sin recibir sanción alguna a pesar de sus comportamientos potencialmente letales para si mismos y para sus compañeros de juegos. En este sentido, con los cuernos en la maceta se convierte en un lamento, un queja rencorosa del buen amigo por la pasividad del padre ante el juego del hijo, a la vez que se insinúa un acto de infidelidad en el que el padre ama por encima de todo a las botánicas entidades. Se pudo, entonces, haber dicho: Mira, ahi está tu padre, asomado a la ventana sin ver del mundo más que sus plantas; y diríase por la devoción que parece profesarlas que es lo único que le importa en este mundo, y que su amor por ellas supera de mucho el que os pueda dispensar
Lectura analítica: Se denuncia la actitud vigilante del padre hacia el hijo. En este caso las plantas son solo el objeto tras el cual el padre intenta esconder su actitud de acecho constante hacia el hijo. Las plantas són solo el símbolo del pretexto, de la coartada, de la excusa... Fingiendo interés por las plantas, aunque desinteresado realmente por ellas, proyecta su conciencia vigilante más allá del aparente objeto de su análisis y lo posa innecesariamente sobre el hijo. Los cuernos son solo el detalle que desenmascara al padre, que descubre la falta a los demás y también a si mismo. La evidente connotación negativa del concepto cuerno en la tradición oral hispánica y sus evocaciones demoníacas muestran una desaprobación moral del que profiere la frase hacia el que porta los cuernos. Se pudo, entonces haber dicho: Mira, ahi está tu padre, espiandonos, vigilante, al acecho... como un demonio que se mueve en las sombras!!!
Pues eso, estulto lector, con los cuernos en la maceta yo te vi pasar España!
miércoles, 3 de junio de 2009
Los cuatro saltos de Nijinsky
Todavía se discute
si era una extraña deformación en un metatarso o simplemente un don divino aquello que permitía a Vaslav Nijinsky dar los saltos más espectaculares y efectistas que ha visto la danza en su larga historia. De todos los saltos perpetrados por nijinsky contra la fuerza gravitatoria habria que destacar cuatro:
Primer salto:
Nijinsky es aún un niño. Su padre lo lanza a un pozo para que aprenda a nadar. Nijinsky se hunde lenta y desesperadamente hasta que, completamente sumergido, sus pies tocan el fondo empedrado del pozo. Se impulsa poderosamente y su prodigioso salto lo eleva abandonando el agua y el pozo. No ha conseguido domeñar el líquido elemento pero sí las aéreas potestades.
Segundo salto:
Se abre el telón, Debussy toca el piano con notas transparentes y Rilke habla de El espectro de la rosa . Nijinsky entra en escena dando un salto que deja sin aliento al público. Acaba de lograr el entrechat royal mas largo de la historia (salto en el que lograba cruzar los pies en el aire hasta diez veces cayendo después con una lentitud inusual). "Cuando le veo bailar olvido que el salto no es algo natural en el hombre" afirma Leon Werth.

Tercer salto (el salto que no fue)
29 de mayo de 1912, el telón del Teatro del Châtelet se levanta ante un público electrizado a la vista del hermoso decorado de León Bakst -un lago bordeado de árboles- en el medio del cual evoluciona Nijinski con su malla cubierta de animalescos manchones, y las ninfas vestidas con túnicas plisadas, pelucas doradas y pies desnudos. Todos esperan asistir a un nuevo recital de saltos y prodigiosas piruetas de Nijinsky. Pero para “la Siesta del Fauno” nijinsky ha preparado una coreografía particular: se desplaza en una única di9mensión, pegado al suelo, a pie chato, posando primero el talón y terminando el movimiento en los dedos, en total oposición a las reglas clásicas enseñadas hasta entonces. El cuerpo de frente al público, la cabeza y los miembros de perfil, los brazos mantenidos en posiciones angulares diversas. Movimientos espasmódicos, crispantes...ha nacido la danza contemporánea y , como acostumbra a suceder, la ha inventado el mago depositario de todos los secretos y técnicas de la danza clásica.

Cuarto salto:
La aparición de un nuevo bailarín que evoca al retirado nijinsky motiva una campaña publicitaria algo sórdida. El bailarín, su manager y un fotografo acuden al psiquiatrico en el que está ingresado nijinsky. Estamos en el 1939. Nijinsky ha perdido por completo la razón: apenas come, no habla, lleva 20 años sin bailar, con la mirada perdida.... Su cuerpo deformado y envejecido reposa en una silla mientras el bailarín da algunos saltos y ejecuta su repertorio de cabriolas. Las fotos recogen a los dos bailarines, el titular ya está escrito: lo nuevo y lo viejo de la danza, o tquizá’ el nuevo nijinsky’. El fotografo cambia el carrete. Se dispone a hacer nuevas fotos y descubre que no hay nadie en la silla que ocupaba nijinsky. Todos en la sala quedan atónitos: el anciano está suspendido en el aire pasan unos segundos y comienza a descender lentamente, tan lentamente que el fotógrafo tiene tiempo de disparar la cámara antes de que llegue al suelo.

jueves, 28 de mayo de 2009
El Imperativo Fernandito pu favó
Wittgenstein certificaba que “ética y estética son lo mismo”, o literalmente “son Uno” ( en vernáculo dicotomero sind Eins). Profería semejante apotegma en el contexto de una ética trascendental, como lo es la estética. Esta trascendentalidad de la ética remite a un sujeto que no está más allá de los límites del mundo, sinó que se determina como un límite del mundo. Lo trascendental es, por tanto, el límite, como concepto fronterizo, y el sujeto, como sujeto de ese límite (o sujetado a dicho límite si se prefiere).
El docto galimatías wittgensteniano sobre la estética de la ética es demostrado con sagacidad por el encomiable Imperativo Fernandito pu favó, que, en un arranque de ventolera filantrópica me atrevo a presentaros para vuestra gozosa fruición (y para el íntimo perfecionamiento de vuestra inproba moralidad). Pero permitidme que reproduzca exactamente el circunloquio que tuvo lugar ahora hace aproximadamente dos años en el Magic, antro de delectaciones chirigoteras y de meditaciones atinadísimas, cuando a los otrora filosofastros Alejandra Escosell y Pichágoras, les cambió la vida (para peor, se entiende) esta misteriosa revelación.
Como bien ignorais, existen tres imperativos éticos de sagaz y simple formulación que modulan cualquier acción humana en el mundo, imposibilitando el error si uno se atiene escrupulosa y audazmente a cada una de las tres formulaciones.
El primero de ellos, me gusta particularmente, es el imperativo cristiano: ‘aquello que no quieres que hagan contigo no hagas con los demás’. Vosotros, avispados filosofastros, no habreis pasado por alto ciertas carencias de este imperativo. Para empezar es un imperativo pasivo, que exhorta a no hacer, más que a hacer. El imperativo cristiano ampara así a los que deciden no actuar, no estar en el mundo, no intervenir. Pero puede ser considerado ético el que no actúa? Según entiendo, la ética es un reflexión sobre la conveniencia de las acciones, pero no sobre la conveniencia de las no acciones, que no pueden resultar ni convenientes ni inconvenientes ya que no son. En este sentido, la cristica afirmación comulgaría con otro imperativo oriental mucho más delicioso, por incitar abiertamente a la vagancia: ’no hay nada que con no hacer nada no se solucione del todo’ (es esta la piedra angular de la religión profesada por todos mis ancestros desde que el mundo es mundo).
Para salvar este imperativo, algunos han dado en reformularlo al modo ‘así como quisieras que obraran contigo obra tú con los demás’. Pero también esta formulación tiene sus inconvenientes, puesto que lo que uno quiere para si mismo no tiene necesariamente que coincidir con lo que otro desea para sí. Se me ocurren muchos ejemplos: masoquistas, suicidas, meningíticos, dementes, desquiciados, porculeros y otros adalides semejantes del apocalypsis mental que nunca querrias que obraran contigo de la manera que obran con ellos mismos.
No le pasó desapercibida esta reserva a Antonio Machado cuando afirmó: ‘ama a tu prójimo como a tí mismo, pero recuerda que el prójimo es siempre otro’.
El segundo imperativo es el Imperativo categórico Kantiano, un concepto central de toda ética moderna que pretende ser un mandamiento autónomo capaz de regir el comportamiento humano en todas sus manifestaciones. En su formulación más desarrollada reza así:”actúa según aquella máxima que creas que pueda convertirse algún dia en ley universal”.
Lo bueno de este imperativo es que apela a la razón y al análisis y no a las apetencias o deseos del sujeto ético. Un degenerado puede desear un mundo de depravación y vicio y a la vez ser consciente de que sus acciones y deseos nunca podrían, ni convendría que pudiesen, ser el corpus central en el que se fundamantara una ley universal. Este degenerado sería capaz, incluso, de inhibir sus tendencias al cabronerío en pos de la armonía cósmica. (Sobre este imprativo no he encontrado pega lógica alguna, pero no me gusta por demasiado sensato y abrasivamente lógico).
El tercer imperativo es el pindárico: ‘llega a ser aquello que eres’. Es un imperativo perfecto, sólo tiene el pequeño detalle de que un humano corriente puede tardar mil billones de años en saber qué o quien es. Así, este imperativo es más una promesa poética que una enseñanza de utilidad práctica.
Falta el cuarto y definitivo imperativo
Fernandito era un compinche de pillerias juveniles, gamberro, incívil y disoluto todo él, primogénito de una devota beata (señora de pláticas y ruegos) que le reñía por los ventanales de nuestra infancia al grito de Fernandito pu favó. Resulta que en cierta ocasión Fernandito gozaba de los adolescentes placeres de la mastubación en la privacidad de su alcoba cuando su bienamada madre irrumpió cautelosamente sorprendiéndole en los trajines lúbricos. La escena en si no tiene mayor trascendencia si no fuese por lo que dijo su madre ante tal desatino.
Es ESTO lo que quieres estar
Haciendo
cuando cristo vuelva?
Me imagino a Cristo en su segundo advenimiento arrojado de nuevo a los terrores terrígenos, hecho mortal, lacónico, centrado en su misión redentora... Aún no sabe muy bien ni el tiempo ni el espacio en el que se halla, se despereza, abre los ojos al nuevo mundo, y que es lo primero que ven sus ojos? a Fernandito dandole al manubrio!!!
Y ahora se eleva una pregunta a todos vosotros...sea lo que sea aquello que esteis haciendo en este preciso momento...es eso lo que quereis estar haciendo cuando cristo vuelva?
Esta pregunta, que tintinea como una amenaza y posiblemente os ha hecho crujir todos los tuétanos, añade un detalle al acto moral que los anteriores imperativos habían obviado. Se trata de la urgencia de la acción correcta; pues en este caso, cada instante cuenta. Puesto que puedes disponerte a realizar la acción moral más considerable y loable de cuantas existan en el mundo, pero mientras no la realizas...que estas haciendo? Es eso lo que quieres estar haciendo cuando cristo vuelva? Porque el segundo advenimiento no esperará a que estés preparado, ni perfumado..¿no? Puede pillarte en las letrinas, en un suspiro, en un mal pensamiento, en una ventosidad, quien sabe...
Tengo mucho miedo...














